Blancanieves en diferido

15:20 Esther Morales Hernández 0 Comments

El lamento de Blancanieves. SUSANA PAIVA
Una de las grandes aportaciones del festival Madrid en Danza es su acercamiento al trabajo de las compañías contemporáneas de todo el mundo. También supone toda una oportunidad para hacer turismo de teatros por la capital, perfecto para los que sufren -o sufrimos- déficit de sentido de la orientación en grandes ciudades.

La semana pasada se presentó en Madrid la obra labOfilm&1- El lamento de Blancanieves, a cargo de la Compagnie Olga Mesa & Hors Champ / Fuera de Campo, un interesante ejercicio de videoarte y danza contemporánea que acogió durante tres pases el Teatro Pradillo. Esta cita era una de las más especiales, precisamente porque el espacio donde se presentaba solía pertenecer a la Red de Teatros Alternativos -en la que también está el querido Teatro Victoria de Tenerife- que tantas aportaciones culturales hace, sobre todo, a los que no tienen la suerte de vivir en lugares con tanta oferta como Barcelona o Madrid.

Una versión alternativa de Blancanieves, escrita por Robert Walser y llevada al cine por el director portugués João César Monteiro en el año 2000, sirvieron de inspiración a esta coreógrafa asturiana afincada en Francia. Contaba Olga Mesa al finalizar la actuación que Walt Disney decía que ningún personaje podía funcionar si no tenía bien definido su rol dentro de la historia y es lo que precisamente decidió explorar ella a través de este experimento escénico. Y es que resulta difícil definir quién es quién dentro de esta historia, incluso el público -que también participaría a su modo dentro de la pieza- se sitúa en unas ocaciones como espectador y en otras como partícipe del cuento.

Olga Mesa en pleno 'barrido' de cámara. PIERRE MERCIER
Fiel a los delirios artísticos de la compañía, los recursos audiovisuales tomarán gran imortancia a medida que transcurra la actuación. Dos cámaras fijas acompañan a las bailarinas -Olga Mesa y Sara Vaz-, más una móvil que llevan de un lado a otro las propias intérpretes, que tapan los objetivos con telas negras a su antojo. Risas algo maquiavélicas, desnudos en plena muerte del cisne, propaganda bélica, una madre que no aparece y un príncipe que parece haber dejado tirada a Blancanieves conforman esta apasionante historia que termina de tomar forma una vez entran los técnicos y recogen todo el material del primer fragmento. 

La gran sorpresa llega en la segunda parte de la pieza, en la que el público comprueba cómo ha sido cómplice de un rodaje en directo. Se proyecta toda la actuación de nuevo desde los tres puntos de vista, con los que no solo se aporta una nueva perspectiva, sino que es posible descubrir qué ocurría en esos momentos en los que las bailarinas corrían por el backstage, eran grabadas por un tercer participante o presenciaban imágenes de corte militar en una pantalla oculta para el público. 

Proyección final de la pieza de Olga Mesa. PIERRE MERCIER
Este desconcertante universo, con el que la creadora defiende la necesidad de la cultura en la sociedad, ayuda a acercarse al género de la videodanza, una de las vertientes más desconocidas del gremio. Coreografía en vídeo, con un espectador que participa y cree verlo todo, y una muestra final que logra desmentir cualquier expectativa... y todo ello sin manzanas rojas ni madrastras malvadas.


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