Conversación con Steve Paxton

11:38 Esther Morales Hernández 0 Comments

Steve Paxton. MONIKA RITTERSHAUS
"A veces se dice que el arte es una flor. Las flores dan lugar a los frutos y los frutos maduran... en ocasiones demasiado. En aquella época la danza institucional era algo demasiado maduro, y la danza moderna empezaba a ser muy repetitiva. Nuestra forma de revelación no fue otra que la investigación sobre nuevas ideas y nuevas técnicas de movimiento".

"Isadora, Martha... forman parte de las distintas generaciones que irrumpieron para conformar lo que se conoce como danza moderna. Sin embargo, a excepción de Merce Cunningham, sentíamos que sus planteamientos estaban obsoletos. La cultura vigente nos forzaba a la experimentación".

"Estoy dentro de una forma artística que es mi cuerpo. Según lo veo yo, técnicas como las de Cunningham son convenciones. En occidente la proyección es muy simple y se centra en las extremidades y en el núcleo del cuerpo, lo que puede resultar muy útil para la estética teatral".

"Los entrenamientos con Cunningham eran muy rigurosos y poco convencionales. Poco a poco, los estudiantes empezamos a desarrollar nuestras propias creaciones y pronto nos dimos cuentas de que no podíamos parar de extender los pies y los brazos".

"Me interesaba mucho el estado original del cuerpo. Me fijé en que la danza estaba perdiendo su potencial debido a la idea preconcebida de lo que ésta debía ser. Por ejemplo, según el institucionalismo, los bailes tradicionales no eran válidos porque no eran La Danza".

"Me peleé con John Cage en una ocasión. Tuvimos una discusión sobre si la gente era natural o no. Yo me pasaba todo el tiempo buscando lo natural y él decía que la naturaleza está fuera de los humanos y que los humanos están fuera de la naturaleza".

"Nunca tuve interés en montar mi propia compañía. Mi compañía de danza dura siete minutos y luego se disuelve".

"Todo el mundo dice eso de 'los tiempos están cambiando'. Por supuesto que lo hacen siempre, eso es lo que el tiempo es. Todo en nuestras mentes y tiempo es improvisación".

"En los 60 empezamos a tomarnos el trabajo más en serio. Hasta entonces nadie afirmaba ser un improvisador. En 1967, con mi primera improvisación, me di cuenta de cómo se desarrollaban nuestros sentidos".

"El contact impro tiene una base genética. En el resto de culturas, la danza no está hecha para ver en un teatro. Nosotros pretendíamos verla a través del músculo, de la piel, de los huesos...".

"Los bailarines siempre han vivido apartados del resto de artistas, incluso de los músicos. En esta época se destruyeron las estructuras y conseguimos acabar con este tipo de jerarquía".

"Repetir las coreografías no es necesariamente una forma de preservarlas. En los últimos años los museos se han interesado por la danza más que nunca, ¿por qué llegan tan tarde?".

"La técnica no es más que una forma de simplificar el movimiento. En el ballet, sin ir más lejos, parte de la magia está en la simplicidad. Cuando se es tan formal y preciso, da la sensación de que el juego de la vida se ha convertido una especie de receta de la vida".

"Llegó un momento en el que los aviones se volvieron más baratos y pudimos viajar por todo el mundo con la compañía de Merce. Al conocer las distintas culturas, la rigidez de pensamiento se ve agitada por la propia experiencia. Este es el mundo en el que vivimos ahora: puedes coger tu teléfono y ver 400 tipos de danza".

"Siento lástima por los museos, por su protocolo, su institución...".

"He vivido una vida de artista y luego he tenido que aceptar que ha desaparecido".

"En la representación de Bound que hace Jurij Konjar se presenta un artefacto, mientras que yo solo daba a conocer mi aventura. Repetir una obra no quier decir que se haga igual... ya sabéis, nunca te vas a la cama con la misma persona dos veces".


"El miedo escénico es la parálisis social. La oscuridad del escenario es muy especial, te cambia. Ahora bien, hay una diferencia entre aparecer en el escenario y estar en él. Muchas veces pienso que la actuación no es lo que hacemos para el público, es lo que el público nos hace hacer. Es casi una estimulación espiritual".

"Cuando empecé a improvisar, mi cuerpo quería repetir movimientos. Tuve que entrenarme para evitarlo."

"Caminar no es una repetición, a pesar de que nos engañemos diciendo que cada paso es el mismo".


"Tras 12 años viviendo en Nueva York, decidí mudarme a una granja. Al principio veía auroras boreales, luego dejaron de producirse. Quizás no es así... puede que simplemente tengan lugar cuando estoy durmiendo".

"No tengo televisión. Tengo un ordenador para saber qué pasa en el mundo. No me gusta ver vídeos de danza, es como la comida rápida".

"Los bailarines se pasan la vida copiando el movimiento de otros. En cada una de las clases que tomas se convierte en tu misión, así que es normal que uno replique la forma de moverse de personas anónimas".

"No conozco mucho sobre danza contemporánea porque no soy bailarín".

"Nunca me llamó mucho la atención Michael Jackson como figura de masas. Solo en ese último documental sobre su vida -This is it (Kenny Ortega, 2009)- le empecé a ver su lado más interesante. Es curioso, por primera vez pareces una persona normal y al poco tiempo te mueres".


"Tengo entendido que ha desaparecido gran parte de la escena de danza en Madrid. Supongo que es por la crisis que ha atravesado este país. Una cultura sin danza es como tener normas sin tener un juego".

Todas estas citas han sido extraídas de la Conversación con Steve Paxton, desarrollada el 23 de abril de 2015 en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Apenas una semana antes del Día Internacional de la Danza, esta charla entre el conocido coreógrafo y João Fernandes, subdirector artístico del museo, se centró especialmente en su trayectoria como bailarín de la compañía de danza de Merce Cunningham, su posterior trabajo como fundador de la Judson Dance Theater -junto a referentes de la época como Trisha Brown, David Gordon o Yvonne Rainer, entre otros-, y la creación de la disciplina por la que es mundialmente conocido, el contact impro. A la cita le acompañó además la representación del su solo Bound los días 24 y 25, interpretado en esta ocasión por el bailarín esloveno Jurij Konjar.

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